Hace unas semanas me fui de viaje a experimentar la soledad en su más puro esplendor. Lo necesitaba. De ahí nacieron estas palabras, llenas de sentimientos y emociones. Fue un duro viaje, pero volví nueva, resplandeciente... y es que... encontrarse CARA A CARA con la soledad... te hace sentir diferente.
Cara a cara,
un día por la mañana me veo.
Veo todo lo que hay en mí.
Mientras escucho el cantar del gallo,
mientras escucho el rumor de los pájaros,
mientras escucho el curso del río pasar.
Cara a cara,
me doy cuenta de mi soledad,
de mi inseguridad, de mis miedos,
y no puedo huir de ellos.
Están ahí, adueñándose de mi,
en cada palabra, en cada actitud,
en cada gesto, en cada lágrima.
Cara a cara,
me pregunto qué hacer con ello,
cómo desecharlos de mí,
cómo salir de este malestar,
cómo volver a encontrar la paz y
tranquilidad que un día moró en mi...
¿Cómo? me pregunto...
Y cara a cara,
me doy cuenta, y siento,
y huelo, y escucho, y saboreo,
y respiro...
mi miedo, mi inseguridad,
mi soledad...
hasta lo más profundo de mi alma.
Me doy cuenta de mis resistencias,
de mi intento de huida,
de mi ira, de mi tristeza...
Me doy cuenta que el cómo
se soluciona estando, sintiendo,
respirando, oliendo, escuchando,
comprendiendo...
Reconozco mis miedos.
Antes, no sabía quiénes eran, sólo intentaban entrar en mi morada sin llamar a la puerta y...
por supuesto, no les dejaba pasar.
Ahora, me he decidido preguntarles el nombre y, ante tanta insistencia, les he dejado entrar.
Converso con la inseguridad, y me habla sobre no ser capaz, sobre mis limitaciones, mis carencias y mis necesidades.
Cara a cara, con lágrimas en los ojos, lo asumo y me propongo luchar por ello, ser cada día un poco mejor, aprender de cada circunstancia, persona o situación. Reconozco todo aquello que me dice... y se marcha.

Converso con el
dolor, y me habla sobre el pasado, el sufrimiento, mis pensamientos negativos.
Cara a cara, lo asumo, y me propongo no mirar atrás, estar hoy aquí presente, sembrar mi futuro y canalizar esos pensamientos negativos. El dolor insiste, mira atrás... y se marcha amenazando volver...
Y converso, a solas, con la soledad. Frente a frente. Me habla sobre mis ilusiones frustradas, el aislamiento, la comunicación, la impaciencia, la baja autoestima, la creatividad e imaginación, el amor, el desamor, los desencuentros, los encuentros...
Sentadas, mirándonos cara a cara, nos abrazamos y me propongo no enfadarme con ella cuando venga a verme. Me propongo dejarla entrar no sin antes identificarse. Me propongo cultivar una amistad duradera con ella. Me propongo disfrutar con ella lo máximo posible. Acepto que siempre va a estar ahí, con más o menos presencia, en mi vida. Y le propongo, disfrutar juntas de nuestra vida.
Y cara a cara, vino la tranquilidad, la seguridad, el amor, y... la soledad.
Sandra G.